Año XXVII - Nro. 10.293 - Viernes 11 de junio de 2004

Siete momias Chinchorro en calle Colón

El alcalde Carlos Valcarce quiso ver en terreno las labores de los arqueólogos.

¿Museo "in situ"?

Enterado del descubrimiento arqueológico, el alcalde Carlos Valcarce quiso constatar personalmente la presencia de las momias. En el lugar, la máxima autoridad comunal comentó que la UTA maneja un catastro de las momias en la zona, pero que, evidentemente, se ha preferido no revelarlo por temor a la acción de los "huaqueros", como se les conoce a los traficantes de reliquias históricas.

El edil anunció que arribará una delegación del Ministerio de Monumentos Nacionales con la misión de determinar qué pasos se debe seguir.

"La construcción se podría terminar, siempre y cuando podamos tener un museo sitio que sea adecuado. Estas momias son valiosísimas, por lo tanto hay que resguardarlas, por eso la UTA es tan celosa. Lo del museo es factible si el Estado entrega los estanques antes que se licite Essat, quedando la administración a cargo del municipio y la universidad".

Así, en caso de surgir un nuevo hallazgo en el sector, no habría paralización de obras; bastaría con una rápida mudanza. "Sería lo más sensato, porque queremos inversiones", concluyó Valcarce.

El arquitecto Fernando Antequera compró una vieja propiedad en la calle Colón, cerca del acceso a la gruta de la Virgen del Carmen, con el fin de restaurarla y transformarla en un hotel. Aplicaría todos sus conocimientos en las reparaciones. Hace dos semanas, cuando aún no comenzaban los trabajos más pesados, se encontró con una sorpresa: en su patio estaban enterradas momias de la cultura Chinchorro. Fue un hallazgo tan inesperado como si tropezara con la pata de una nueva esfinge en el desierto de Egipto.

Los vecinos y maestros de la construcción le aconsejaron que se quedara callado, porque, si daba a conocer el descubrimiento, lo más probable es que interrumpirían las obras. Pero el profesional no lo pensó dos veces (todavía hay personas que privilegian el bien común sobre sus propios intereses).

La arqueóloga física Vivian Standen, investigadora del Departamento de Arqueología de la Universidad de Tarapacá (UTA), dejó descolgado el teléfono de lo apurada que salió a verificar la interesante noticia.

 

EL CULTO A LOS MUERTOS

Los chinchorros no temían a la muerte. Por eso practicaban una serie de cultos a sus difuntos. Para ellos, los muertos eran parte de los vivos, no como ahora, que nos gusta tenerlos bien lejitos en el cementerio, quizás para olvidarnos del dolor de la pérdida. Hace miles de años, los indígenas momificaban a sus seres queridos sacando todos los órganos y dejando sólo la estructura ósea. Luego rellenaban el cuerpo con maderos, cuerdas vegetales y arcilla.

Standen participó en el gran hallazgo realizado en los estanques de Empresa de Servicios Sanitarios de Tarapacá (Essat) en 1984, donde se encontró cerca de 90 momias.

"Este es el mayor hallazgo desde esa excavación. Calculamos que son siete cuerpos, los que están mal conservados por la superficie y porque estaban debajo del patio. Poseen el típico patrón Chinchorro; es decir, cuerpos a los que se les introdujo artificialmente elementos naturales", dijo Standen, quien cree que lo ideal sería dejarlos en el sector.

Por estos días, la arqueóloga trabaja afanosamente junto a funcionarios del Museo San Miguel de Azapa para limpiar el área y sacar los desechos, que no son pocos. Por otro lado, Standen explica que los nativos eligieron los faldeos del Morro para enterrar a sus difuntos porque es un lugar con jerarquía en el entorno, con una vista fabulosa al Pacífico y al valle de Azapa.

 

Daniel Gómez


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