Año XXVII - Nro. 10.241 - Domingo 18 de abril de 2004

Ojo: Tenga cuidado con "El cuento del tío"

Los guardias de Asoagro deben multiplicarse para pesquisar a los numerosos cuenteros que llegan a la feria.

"El Memo"

El apodo corresponde a un amanerado cuentero de la población Paula Jaraquemada que lleva mucho tiempo engañando a incautos. Según algunas fuentes, trabajó un tiempo en la Dirección de Tránsito, ubicada en el Shopping Center ¿Cuál es su gracia? Ofrece licencias para conducir: 80 mil pesos por la A-1, 50 mil por la B.

El "Memo" se ganó astutamente la confianza en Asoagro. Entregó una sola licencia, nada más, pero le bastó para convencer a todos sobre sus supuestas influencias. La licencia era perfecta, no tenía ninguna señal que hiciera presumir que fuera falsa. Clonación exacta. Todos se pasaron el dato y, en total, el estafador recaudó 500 mil pesos. Por cierto, nunca aparecieron las licencias. Los burlados no hicieron la denuncia, porque, evidentemente, no estaban haciendo una transacción muy santa que digamos. Producto de esta gran golpe, Memo partió con su voz afeminada a Iquique, donde esperó que disminuyera la rabia y el asunto pasara al olvido. Dicen que ya regresó a Arica y, adivinen, ya andaría otra vez con el cuento de las licencias.

 

"Mecheros"

 

Aunque pertenecen a otra raza, no está de más advertir sobre esta especie que roba en ferias, supermercados y tiendas. En las primeras, actúan de una manera bastante peculiar, no les basta con guardar productos en sus bolsos, ropa o coches de guagua.

Actúan en "patota", achoclonados como equipo de fútbol americano. En Arica, hay una familia especialista en estos atracos, cuyos componentes van desde la abuelita "tecla" hasta niños de seis años que se mueven como ardillas entre los piernas de los despistados que, mientras revisan descuentos o ven cómo está la fruta, pierden misteriosamente su carro con las compras. Los 10 miembros de la familia mechera hacen como que van pasando y sutilmente agarran el carro y se van. Varias veces han sido sorprendidos ¿Cómo lo hacen para salir impunes? Todos empiezan a quejarse y no faltan los que solidariamente interceden a favor de esta pobre familia que sólo está comprando las cosas para la semana.

 

Carlos Pinto nuevamente le pegó el palo al gato con el programa "El Cuento del Tío". El barbudo periodista,tal como lo hizo antes con "Mea Culpa" y El Día Menos Pensado", explota las historias que comentamos en la sobremesa o en el bar, unas más creíbles que otras.

Ahora ya no interviene con sus explicaciones amarillistas, sólo aparece como extra un par de segundos, al más puro estilo de Alfred Hitchcock, el maestro del suspenso. En los capítulos se puede ver la labia y picardía de los cuenteros, esa capacidad única que tienen para engrupir.

"Bla,bla,bla...., me tendría que dar 10 luquitas antes". Es siempre el mismo libreto,sólo cambian un poco la trama. En Arica, lamentablemente, sobran embaucadores, quienes se reparten por todos lados. A veces, los más osados llegan a golpear la puerta de las mismas casas.

 

CASOS

 

Hace unas semanas, un hombre robusto y de bigotes, de mediana estatura, se acercó a unos puestos del Terminal Asoagro para comprar algunos productos. Al momento de pagar los pesados cinco sacos de papas, extrajo de su billetera un cheque que exigía un vuelto de 80 mil pesos. Como el tipo tenía buena facha y se mostró muy seguro, la dependiente del local no dudó en entregarle el dinero. Se pusieron de acuerdo para que le enviaran la mercadería a una determinada dirección. Al otro día, la señora ya quedó bastante preocupada cuando el chofer del flete retornó a la feria con los sacos y con la noticia que la casa del cliente no existía. Desesperada,anticipando que le habían metido el dedo en la boca, la mujer partió inmediatamente al banco a ver si el cheque era válido. Tarde. Ya había sido víctima del llamado "cuento del tío".

Quince días después, el estafador volvió a Asoagro para repetir su fechoría. Antes, pasó por maquillaje: ya no tenía bigotes, sino una crecida barba y portaba unos lentes oscuros. A pesar de su cambio de apariencia, tipo "fashion emergency", los guardias lo reconocieron al instante, pero no pudieron cazarlo, porque, como se sabe, no están facultados para detener a estos malhechores, a menos que los pillen en el acto mismo, con las manos en la masa.

Pacientemente, ocultos tras unas cajas, los vigilantes esperaron a que el sinvergüenza iniciara el show. En el momento que mostró el "chirimoyo", los hombres de azul salieron del escondite y lo encararon, pero, en una acción que refleja que estos delincuentes se las saben por libro, el hombre se comió el cheque. La evidencia para encerrarlo se desintegró en sus intestinos.

Hace unos días, un tipo de idéntico físico, por lo que es fácil deducir que se trata de la misma persona, repitió el truco en una vidriería de calle Tucapel. Aparentando ser un empresario que quería remodelar su oficina, pidió unos ventanales que costaban 90 mil pesos. Al acercarse a la cajera, entregó un cheque por 150 mil. La dependiente partió a consultar al dueño si podía darle vuelto. El propietario de la vidriería, algo escéptico, se disculpó con el cliente y le explicó que, lamentablemente, no tenía los 60 mil pesos. La inocente cajera, por tratar de quedar bien con el jefe, intervino para ofrecer plata de su bolsillo. Al dueño no le quedó otra que ceder. Tal como en Asoagro, el cuentero pidió que le enviaran los ventanales a una dirección, por supuesto, inexistente. Las 60 lucas todavía penan en Tucapel.

 

ACTORAZOS

 

Nadie está libre de toparse con uno de los embaucadores ariqueños. Sus expresiones y gestos son dignos de un "Oscar" o, si se quiere (para qué agrandarlos tanto), un "Altazor". Los guardias del Asoagro tienen claro el perfil de los antisociales.

"Se las saben por libro. Manejan todas las cosas del nuevo sistema judicial para sacar ventaja. Son muy gesticuladores y se nota que eligen con detención a sus víctimas", dice un encargado de seguridad, agregando que tienen un radar especial para detectar a las personas que, por una cuestión sicológica o de edad, son más fáciles de convencer.

Sigamos con las historias, para que se vaya enterando del "modus operandi" de los cuenteros. Hace unos días, también en Asoagro, llegó un airado inspector de Impuestos Internos a pedir documentos a un locatario. Exigió boletas y libros de contabilidad, aunque fueran sencillos cuadernos de matemáticas de 60 hojas. Simulando cansancio, el falso agente propuso arreglar todo con diez mil pesos y algunas mercaderías, oferta que el comerciante aceptó con alivio. En ese momento aparecieron un par de guardias, pero el cuentero ni se inmutó, siguiendo con el libreto. Es más, cuando se le solicitó que presentara su credencial, se excusó diciendo que la tenía en su automóvil. "Perfecto, lo acompañamos", le respondieron los guardias. El seudo actor se afligió un poco, transpirando más de la cuenta. Rápido, instintivo, apeló a la generosidad y les sugirió que ellos podrían quedarse con la mercadería. No le resultó. Finalmente, después de tanto enredo, el inspector dijo que por esta vez iba a ser una excepción y no iba a castigar al dueño del puesto. De todas maneras, los guardias siguieron al suplantador para anotar la patente. Luego de entregar el número de placa a personal de la Sección de Investigación Policial (SIP) de Carabineros, los guardias se enteraron que el auto era robado...

Otra historia. Hace un mes, en una barraca de calle Barros Arana, apareció un comerciante viajero que con el viejo verso del "no vengo a vender, vengo a regalar" ofreció display de azúcar y arroz, de 10 kilos cada uno, a sólo mil pesos. El cuentero les explicó que los tenía a bajo precio porque venían de la Zofri. Los trabajadores picaron el anzuelo y de inmediato hicieron un pozo común. Había un pequeño detalle: el vendedor tenía que mandar a buscar los productos, pero antes debían pagarle. Los hombres de la barraca se miraron unos a otros, dudando de la honestidad del furtivo vendedor.

"Listo, ya tengo la solución: elijan ustedes uno de los camiones fleteros que están aquí afuera y lo hacemos", propuso el cuentero. Luego de una breve encuesta, la gente dio el visto bueno, ignorando que en el camino el supuesto comerciante convencería al chofer de integrarse a la operación y se repartirían el motín "fifty y fifty".

 

BRUJOS

 

Los ariqueños están cada vez más supersticiosos. Muchos comentan los desvaríos de Alejandro Ayún y algunos, incluso, llaman por teléfono a Zulma. El tarot, como en todas partes, se ha convertido en el oráculo para definir si conviene cambiarse de pega, reconciliarse con la polola o seguir apostando a los mismos número en el Loto.

Los cuenteros, especialmente algunos peruanos, captaron esta realidad y han sacado provecho de ella.

En uno de los almacenes de la población Cardenal Raúl Silva Henríquez hay una señora que todavía no se da cuenta que la "fregaron". Una tarde, un peruano de ropa amplia y aire místico, una especie de chamán andino, entró a su negocio y aseguró que éste estaba cargado de malas vibras. Algún envidioso o mala leche le había tirado un "mal de ojo" y él se presentó como la solución para espantar los malos augurios. "Mire,no le creo mucho", le dijo la señora. El peruano la emplazó a aceptar una prueba de blancura, aunque -en este caso-, se podría decir negrura, dadas las malas ondas.

La dueña aceptó. El charlatán sacó un par de bandejas de huevos y le pidió que eligiera uno, porque, al quebrarlo, al tiro sabrían si la cosa andaba mal. La mujer le indicó uno de los 24 huevos, esperando con impaciencia. Aquí el show se pone "cuático", como dicen los jóvenes: el farsante agarró el huevo, lo partió y de su interior salieron pelos y unas manchas oscuras. La crédula comerciante le soltó 25 lucas para curarse del maleficio. Hoy, pasados los días, sus vecinas y colegas la han recriminado innumerables veces por su fe pagana, la retan por haberse dejado engatusar. Ella calla y, en su interior, sólo para ella, sigue agradeciendo el oficio del brujo. Como a tantos ariqueños, le hicieron el "cuento del tío", pero no lo quiere aceptar.

 

Daniel Gómez

 


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