Año XXVII - Nro. 10.232 - Viernes 9 de abril de 2004

Creador de prosa patiperra

En sus manos, dos de sus creaciones que recorren las estanterías de Suecia: "El eterno vivir partiendo" y "Eslabones de silencio".

"El frío de Suecia me conserva bien", responde Boris Correa Monardes cuando aparece de súbito la sorpresa de quienes no le creen que tiene 72 años. Y es que el ir y venir entre sus dos ciudades amadas, Arica y Estocolmo, y la continua inquietud por conocer oficios, lugares y gente nueva mantiene con actitud juvenil a este escritor ariqueño que dejó en 1984 nuestro país y que mantiene en la librerías latinoamericanas del Viejo Continente, sus libros "El eterno vivir partiendo", "Eslabones de Silencio" y "Poemas de Viento y Nieve".

A los 11 años se trasladó junto a su padre a Valparaíso. Pasan los años. En el puerto descubre que los hechos del día le proporcionan una potente fuente de inspiración para dejar fluir las ideas en las viejas teclas de una máquina de escribir. Luego, guiado por antiguos periodistas porteños, ingresa al diario "La Unión". A la vez, desarrolla la literatura. También trabaja en una empresa distribuidora de alimentos.

En la década del ochenta sus inquietudes intelectuales lo confrontan con la realidad política, y decide dejar al país.

"Me fui solo, primero, sin mi familia. Llegué a Canadá, donde había gente que conocía, estaban cerradas las fronteras y no me quedaba más alternativa que ir a Suecia, donde había una gran colonia de chilenos. Me dijeron que viajara, que me estarían esperando en el aeropuerto. Mentira: estaba completamente solo, nadie me esperaba, era pleno invierno, hacia un frío de los mil demonios; eran las tres de la tarde, estaba oscuro y caía mucha nieve. Yo venía con lo puesto. Pensé que debía regresar. A duras penas me comuniqué en inglés con un taxista que me recomendó un lugar para pasar la noche", recordó, ahora después de 20 años, con humor.

 

"PELANDO EL CABLE"

Al cabo de algunas semanas, lo trasladaron a la isla Oland, en el sur de Suecia. "Había asilados de distintos países. El 1 de mayo de 1985 me dieron permiso y pude llevar a Suecia a mi esposa y mis tres hijas, que son mi orgullo; las tres son profesionales: Sandra, Silvana y Marisol".

Luego, con su familia, se trasladó a Kromfors, al norte de Suecia, y de la sala de Redacción pasó a formar parte de los 'canillitas'. "Necesitaba dinero para la comida, aprendía sueco y comencé a repartir el diario a las cinco de la mañana. Más tarde me iba a una empresa donde tenía que pelar las puntas de los cables: es material para los vehículos, el primer día pelé muchos cables y le dije al supervisor que había terminado, me miró y dijo: esos también; eran unas estructuras llenas de esos cables: me alcanzaba para todo el mes. Por lo tedioso, busqué otro empleo", comentó.

 

CANTO, PROSA Y POESIA

Posteriormente, trabajó como enfermero en el hospital, después de una capacitación en un instituto. Luego se especializó en Gerontología. Sus labores no le impedían continuar desarrollando su vena artística de escritor y también de cantautor, sobre todo cuando se trasladó a la isla de Lidingo, en Estocolmo.

"Iba al local 'El Mexicano', cantaba vestido de charro, me pagaban bien. En paralelo, creaba canciones. De hecho, cuando vine en 1998 a la ciudad, obtuve mención honrosa en el Festival Arica Una Canción, con uno de mis temas".

Además siguió escribiendo. Es así como muestra con orgullo desde un portafolio los borradores de "El largo regreso a la Felicidad", "Conducta Regular", que ilustra sus vivencias como conscripto en el Regimiento "Rancagua" en los 50', cuando se reencontró con su Arica natal.

"Estando en Suecia, he podido conocer toda Europa", expresa con satisfacción, Boris Correa, quien maneja cinco idiomas, elogia el sistema público de salud y educación en Suecia, pero no olvida el extremo norte de Chile. Por eso vuelve todos los años.

 

Daniel Meza


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