Año XXVI - Nro. 9.302 - Domingo 16 de agosto de 2001

La ciencia del hombre en el desierto

 

Desde hace 10 mil años que el hombre vive en Tarapacá. Durante ese lapso ha sufrido adaptaciones biológicas y culturales que están definidas como el objeto de estudio del proyecto del centro.

Tarapacá quedó entre las tres regiones preseleccionados en todo el país. Para cada centro serán destinados 2 mil millones de pesos del Conicyt y del Gobierno Regional

 

 

Francisco Olivares

 

Hasta donde hay evidencia, los seres humanos ocupan la actual Región de Tarapacá desde hace 10 mil años. Con el pasar de los siglos, esta gente se adaptó a las rigurosas condiciones de una tierra árida, tanto en la costa como en la precordillera. Para un equipo de investigadores de las universidades de Tarapacá (UTA) y Arturo Prat (Unap), dicho proceso generó un perfil específico de persona: el hombre en el desierto.

Asumir a este ser humano como objeto de estudio se convirtió en la meta del proyecto del Centro de Investigación del Hombre del Desierto, que postula a recursos de la Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica (Conicyt). Las dos universidades de la región lograron que la idea fuera preseleccionada -junto a otras dos- entre ocho propuestas a nivel nacional para descentralizar la ciencia.

Las perspectivas de este centro son ambiciosas. En cierto modo, el estudio de este hombre ofrece herramientas potenciales para conquistar productivamente el desierto y la puna. De hecho, la meta es desentrañar las adaptaciones biológicas y culturales a este duro escenario: tanto en el plano arqueológico, en la agricultura desértica y en la fisiología expuesta a la falta de oxígeno en la altura.

Estas tres llaves podrían abrir las puertas al turismo cultural, al cultivo de miles de hectáreas baldías y a una más productiva minería de montaña. Una buena justificación para solicitar casi 2 mil millones de pesos para financiar al centro por cinco años, recursos que deben ser aportados en partes iguales por Conicyt y el Gobierno Regional. Claro, si Tarapacá resulta seleccionada en octubre.

 

AUTONOMIA

 

El hombre clave de este proyecto es el antropólogo Héctor González. Está trabajando en la idea desde fines del año pasado. En mayo envió el preproyecto. Luego quedó seleccionado, junto a la Región de Magallanes y al centro conjunto de las regiones del Libertador O'Higgins y del Maule. Los competidores centraron sus propuestas en la geología y en la biotecnología, respectivamente.

Aún no está claro cuántos centros financiará el Conicyt. Sin embargo, lo más probables es que sean dos. González explicó que ya existe una carta de compromiso de la Intendencia para allegar los mil millones de pesos, requisito imprescindible para garantizar el éxito. Además, está pendiente la votación del Consejo Regional al respecto.

Desde ya se perfila al centro como una institución autónoma de carácter privado y con sedes tanto en Arica como en Iquique. Estará regido por un directorio compuesto por el Gobierno Regional, las universidades, Conicyt, el empresariado local y el mundo científico.

Con los dineros, explicó González, financiarán a becarios que realizarán doctorados y post doctorados, como asimismo la estadía de profesores visitantes del extranjero. Por otra parte, mantendrán a una planta de seis investigadores jóvenes con dedicación exclusiva al centro. Finalmente, comprarán instrumentales y equipamiento para transformar laboratorios docentes, de la UTA y la Unap, en laboratorios de investigación.

 

DESIERTO

 

-¿Cómo surgió la idea de construir este centro?

-Estos centros tienen que partir de una masa crítica desde la cual iniciar el proyecto. La capacidad científica instalada de la región corresponde a las áreas de Antropología, de Agronomía y de un área emergente: la biología y medicina de altura. Es decir, el hombre en el pasado y presente, como creador de cultura; el hombre y la agricultura en las zonas desérticas; y el hombre y su adaptaciones biológicas a la altura. Ahí había un elemento común: el hombre y el desierto.

 

-Ahí esta la idea del trabajo multidisciplinario, ¿cómo se perfila conjugar áreas del conocimiento tan diferentes?

-Efectivamente, son disciplinas que se han desarrollado independientemente, pero la particularidad del centro es pensarlas como disciplinas que aportan, desde su especificidad, a un problema que es la adaptación del hombre al desierto. Eso las obliga a conectarse de distintas maneras. Primero, pensando que el hombre tiene 10 mil años en la región. Sí, ha habido adaptación biológica y ha habido respuestas agrícolas a las condiciones de la zona. Esas respuestas no son de ahora, tienen una profundidad histórica. Si uno lo ve desde un punto de vista actual, siguen habiendo respuestas a la interacción con el ambiente.

 

UTILIDAD

 

-¿Se podría usar la metáfora de que el centro podría ayudar a la conquista productiva del desierto y del altiplano?

-El centro va a permitir conocer cómo se dieron estas condiciones históricamente. Hacer ciencia es conocer. Pero también el centro, necesariamente, tiene que incorporar una perspectiva comparativa. Esta no es la única región que tiene un clima desértico y en donde el hombre ha interactuado con eso. Por lo tanto, los resultados de las investigaciones pueden ser interés para otras áreas del mundo. La ciencia es, por definición, global, no local.

Por el hecho de tener financiamiento gubernamental, las actividades tienen que incorporar una responsabilidad con la región. No se trata de hacer ciencia por ciencia, sino que tenga algún nivel de aplicación práctica; que pueda servir al desarrollo económico y social de la región. Se podría mejorar la agricultura, definir políticas públicas en salud, definir políticas para los pueblos indígenas y hacer rescate del patrimonio cultural hacia la actividad turística.

El antropólogo González agregó que la posibilildad de concretar este centro será una interesante oportunidad para descentralizar la producción científica que, en un 80 por ciento, está radicada en la Región Metropolitana. Por lo pronto, está a la espera de las observaciones del Conicyt al proyecto definitivo y dar la última defensa a una idea de posibilidades vastas como el desierto.


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