29/08/2004

Cuando las campanas de Livílcar cantan en agosto

Agosto es el mes en que los creyentes y devotos rinden veneración a la imagen de San Bartolomé.

El nuevo día llega con su mensaje de tradiciones envuelto en el impenetrable algodón de la camanchaca azapeña, desde Cabuza, para pretender besar los primeros granados que buscan reventar en las cercanías de Ausípar, donde los viñedos han decidido secarse ante la ausencia del hombre y del agua. Los lagares quedaron manchados de sabrosos pintachos desde que Manuela viajó a la tierra de sus mayores y "Ewaristo" abandonó los ubérrimos potreros, buscando pasivamente el momento de ir por Manuela. Más cerca del Yaro, paradero mítico de la peregrinación mariana, las huascas resuenan aparatosamente sobre las cabezas de los mulares, en la madrugada, cuando los arrieros hacen un alto, en tanto que los caminantes afanan el fuego y rebanan las marraquetas para acompañar los jarros ardientes de café. Casi son los mismos fieles de la Virgen de Las Peñas, pero ahora vistiendo el ropaje de los sacrificados caminantes rumbo al poblado de Livílcar, arriba, siete horas desde el Yaro y donde la campana fundida en honor del mártir Diego Felipe Cañipa, comienza a tañir sus serenatas en las vísperas del Santo Patrono, San Bartolomé, abreviado al máximo por sus creyentes, seca, amorosa y respetuosamente, Bartolo. Agosto, para los livilqueños trae solamente 24 días, los exactos y necesarios para encender los cirios y elevar sus preces al Patrono.

 

UN SANTO TODO TERRENO

 

Adjudicándole el vocablo de los aquellos casi invencibles vehículos, San Bartolomé es patrón de los carniceros, editores de libros, fabricantes de guantes, curtidores de pieles, de zapateros y sastres, mercaderes de queso, viñateros, albañiles, agricultores y otros. En algunos pueblos de España se le invoca para los desórdenes nerviosos. Resumiendo, un todo terreno. Es precisamente en España donde San Bartolomé pasea su aureola en la forma de grandes iglesias, capillas, conventos, colegios, hoteles, viñedos, conciertos musicales de toda índole, procesiones, naves, criaderos de diferentes animales domésticos, es decir, su nombre está presente en toda una interminable gama de actividades, incluyendo un club de....rugby.

Natanael, es el mismísimo Bartolomé, uno de los 12 Apóstoles ( Mateo 10:3 ) además citado en el Evangelio de San Juan, donde se establece que es de Canaá ( Juan 21:2 ) y según la Martiriología Católica, llevó la palabra de su Maestro a la India, pasando posteriormente a Armenia, donde finalmente fue martirizado, despellejándolo previamente y decapitado, posteriormente, por el rey Astyages en Abanópolis, costa occidental del Mar Caspio. Se dice que sus pasos misioneros le llevaron a la Mesopotamia, Persia y Egipto. Por muchos años se le atribuyó un Evangelio de San Mateo escrito en hebreo, y que fuera desechado, posteriormente. Es, pues, San Bartolomé, probablemente el Santo Patrono con más cofradías y devotos a nivel mundial, el que los livilqueños, el 23 de Agosto, en sus vísperas, acompañados de cirios y trompetas, van en procesión por las cansadas callejuelas, donde los adobes sucumben al paso inexorable de los siglos, con el canto serrano involucrado en la sincrética devoción a tan admirado santo.

El pueblo está situado en la cabecera del Valle de Azapa, a 20 leguas, en línea recta, de Codpa (aproximadamente 115 kilómetros) referencia que establecemos por cuanto pertenecía al Curato de este último pueblo y que de acuerdo al censo poblacional de 1866, todo el Distrito de Livílcar lo habitaba una población total de 439 personas. La distribución poblacional en el pueblo de Livílcar era la siguiente: 30 pobladores de 21 a 60 años; 4 de más de 60 años; 32 menores y 61 mujeres. Total 127 moradores.

Los otros integrantes del Distrito eran Ticnámar, y Humagata, con 187 y 125 habitantes respectivamente.

Las medidas originales de la iglesia livilqueña eran de 20 varas de largo por 7 varas de ancho (aproximadamente 102 metros cuadrados), permaneciendo al transcurso de los años inalterable. Teresa Cañipa Ponce, con profundas raíces en el lugar, confirma, que esta fue consagrada en 1728, refrendada por la inscripción tallada en el hermoso pórtico principal. Agrega que existe información fidedigna que se refiere a este templo en fechas anteriores, hacia 1698 y 1739. Termina acotando que siete años atrás se descubrieron restos de murales en las paredes interiores, realizadas al temple, donde se pudieron distinguir animales, floreros, pájaros y querubines, todo estilo barroco.

El frontis, trabajado en piedras canteadas y labradas, presenta dos columnas laterales de tipo salomónico ornamentadas con tallas de uvas, sirenas y vizcachas. Por su estilo y similitud a la arquitectura religiosa del Curato mencionado, se puede precisar su construcción y dedicación al culto, en el siglo XVII. En el silencio maravilloso de la iglesia, hermosísima, ausente de rezos y procesiones, con los retablos recamados en "pan de oro", única en toda la zona norte, la distancia ni el duro trajín para visitarla, tiene importancia. Allí, sentados en sus toscas bancas, junto al ícono que justifican estas notas, el tiempo parece que se detuvo y sólo se vuelve a la actualidad cuando el trinar de la campana, pendiendo en el típico campanario de los templos serranos, nos traen el canto vernacular y la tragedia que marca con fuego, el mismo que consumiera, a Diego Felipe Cañipa.

 

EL MARTIR

 

Rodeado por imponentes farellones, la hermosa iglesia hace vecindad histórica con el campanario y en cuya glorieta superior la campana, con la dedicación al mártir Diego Felipe Cañipa, inserta en los bordes exteriores de la misma, canta al mediodía.

Diego Felipe Cañipa, de gran señorío, jinete entre centauros. Arriero de pampas, punas y guaneras costeras. Amo de cien labriegos; fabricante de jáquimas y huampos; labriego de Tímar, de Garsa y Calaúnsa, cabalgó la efímera tierra hasta que los deseos de libertad de los hijos de América apagaron su sed de novenante y por la generosa tierra codpeña huyó su envoltura física para perderse en el espanto del tormento, sucumbiendo por su rey. Entra así, Diego Felipe Cañipa con la prosapia y la hidalguía del nuevo cuño, la cruza, aporte que el invasor paga o el conquistador empeña por la tierra que toma. La ventolera de la revolución indígena, cabalgando por las estrechas calles cuzqueñas, en los potros indómitos de la historia, traían en sus ancas a José Gabriel Condorcanqui, Tupac Amaru, que había logrado unir a los dos vertientes: la netamente aborigen y la criolla, mestiza. Diego Felipe, criollo, mestizo, en la fracción adicta al rey de España, Carlos Tercero, pone talento y voluntad al servicio de la Corona. Aquí, entonces, en esta extraña Arica y sus comarcas aledañas, que fue y ha sido tierra de pasiones, de historias, de fecundas historias, como la de Diego Felipe, deja establecida la estremecedora fidelidad a su rey tan distante, enfrentándose en Codpa a los revolucionarios. El insigne Vicente Dagnino en su "Corregimiento de Arica", refiere que: ..." fue sometido a suplicio en la plaza del pueblo de Codpa, por lealtad al Rey"... Es despellejado, como nuestro San Bartolomé, en mil tormentos, más muere jurando fidelidad. Agrega Dagnino..." sus hijos, al retirarse los insurgentes, lo recogen y le dan sepultura"... El vecino, don Pedro de Ureta, en carta al Virrey dice: ..." el heroico suceso de Diego Felipe Cañipa, cacique de Codpa, baña nuestros corazones de aquel placer que sólo puede comunicar la noticia del amor, respeto y fidelidad al soberano"...

Rodeado por imponentes farellones, abajo en el estrecho Valle de Livílcar, la hermosa iglesia hace vecindad histórica con el campanario y en cuya glorieta superior la campana, con la dedicación al mártir Diego Felipe Cañipa, inserta en los bordes exteriores de la misma, canta al mediodía, cuando las hacemos trinar en memoria de aquel serrano. Aquí, en Livílcar, está su espíritu y cerca del río cura los tormentos de los mil cuchillos libertarios que clavaron los codpeños, ansiosos de libertad.

 

LAS RAICES

 

Ya el sol marca el mediodía y los caminos se alegran con las voces de los jinetes y de los caminantes, saliendo de Casa Blanca, cruzando por el Pukara de Pubriza, rumbo a los antes ubérrimos alfalfales de Yuscuma. Arriba, San Bartolomé espera. Los mulares, ágiles, conocedores de los senderos serranos, marcan el paso nerviosamente, en tanto el burbujeante pintatane se agita en los "muertitos" ( pequeños barriles de 50 litros ) remanentes increíbles e indispensables en los arreajes coloniales, y que "challará" la cálida tierra de sus mayores, la livilqueña, cuando los Alfereces inviten a brindar. Saldrá en las vísperas la procesión con San Bartolo y la reminiscencia, los recuerdos imborrables, de los viejos livilqueños estará allí, señalando el rumbo y marcando los pasos acompasados de la banda. Ni las trompetas, ni las cajas ni el bombo acallarán aquellas voces. De pronto, entre las penumbras llegará don Emiliano Tarque y su hermano Bernardo, agitando sus sombreros y sujetando las bufandas, animando sus nobles brutos, apurando al resto de los viejos compañeros de rutas. Doña Rosaura, volverá de algún rincón, encendiendo el fuego sagrado para quemar incienso y dejar que el humo cubra el rostro de San Bartolo. Don Abilio, olvidando sus dolencias, en su "Malagueña", violín a la espalda, acompañará a esos maravillosos fantasma del pasado livilqueño, para cantar y bailar, rezar y recibir la comunión del ahora Vicario, padre Amador, que ya está en la historia serrana.... Livílcar, el maravilloso pueblo de San Bartolo, resistirá y bregará contra los embalses que pretendan inundar las maravillosas tradiciones ariqueñas...... San Bartolomé, un Santo todo terreno...

 



La Estrella de Arica
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