31/08/2003

¿Cuánto cuesta morirse?

Virginia Herrera Peña muestra algunos tipos de urnas que ofrece la funeraria que administra. La "top" registra un valor de 700 mil pesos. La más económica cuestan 60 mil pesos.

Gerardo Espíndola

 

 

En la vida nada es gratis y aunque parezca extraño, en la muerte tampoco. "Si te mueres, pagas caro", parece ser una máxima que acompaña el último viaje de un "ser humano moderno" a la vida eterna.

Al doloroso proceso de perder a un ser querido, se suma otro engorroso camino que va marcado por las cifras monetarias que guían los pasos que se debe seguir para despedir los restos mortales del que feneció.

En efecto, son diversos los trámites a cumplir tras el deceso de una persona, que se inician desde la inscripción en el Registro Civil, hasta la llegada al camposanto del cuerpo que intenta descansar.

 

Para el creyente, el alma pasará quizás a una mejor vida o si los pecados son mayores pagará en el Purgatorio las culpas acumuladas durante su existencia. Sin embargo, con fe o no, es objetivo que para quien queda en tierra deberá purgar con dinero el precio que implica una muerte de un moro o cristiano, trasformándose, si el dinero falta, en un "deudo" en todo sentido de la palabra.

 

 

VELAS Y CUENTAS

 

Entre los primeros gastos a asumir, está la preparación de una capilla ardiente. Muchas parroquias o templos de diversas religiones son facilitados para realizar el velatorio a cambio de una contribución monetaria. Sin embargo, dicho gasto es prescindible, pues el velorio puede ubicarse en el hogar del fallecido ahorrando un primer costo de una serie de cifras y números que acompañan este triste último viaje.

 

Lo que no se puede evitar cancelar son los servicios funerarios, los que en sí son mucho mayores. Estos no sólo corresponden a la compra de un ataúd, sino que también se agregan el sellaje, traslado, velatorio y funeral.

 

En el mercado los precios varían según la calidad de la urna y de los servicios. Por ejemplo, en la funeraria San Esteban los precios están entre los 150 mil, como los más económicos; y 600 mil pesos para los más pudientes y de mayores exigencias. Valores que no se distancian de las otras empresas, como lo grafica la funeraria Santa Rosa, en la cual el valor mínimo que se puede encontrar un servicio es de 85 mil pesos.

 

Rosa Rojas Zarzuri, propietaria de esta última empresa, explicó que debido a la situación económica las personas acceden a las cuotas mortuorias asignadas por el Instituto de Normalización Previsional, las AFP o las compañías de seguros, lo que les permite disminuir considerablemente los gastos. Quien está afiliado al INP puede acceder a cerca de 250 mil pesos de sus fondos, mientras que para quien está en las AFP son 15 unidades de fomento las que le compensan el pago, montos importantes cuando las vacas flacas recién parecen alejarse de la economía familiar.

 

En la funeraria El Nazareno, en tanto, los precios de los servicios más altos también bordean los 700 mil pesos, los que generalmente corresponden a féretros tallados y cuyas puertas son de cuerpo entero. Según informó la administradora de la empresa, Virginia Herrera Peña, pese a los altos costos que significan dichos ataúdes, estos igual se venden, pero con una frecuencia menor.

 

 

Pero, ¿qué hacer frente a una muerte en medio de la pobreza? Virginia Herrera explicó que para este tipo de casos la Municipalidad tiene convenios con algunas funerarias, como la que administra, en la cual entregan ataúdes de hasta 60 mil pesos, cifra inferior, pero que no deja de ser alta para quien no posee el dinero y cuyos recursos escasean.

 

En fin, otro dato importante y que no es menor si se repara en la dificultad de pagar al contado, es que en las empresas funerarias, al igual que todo producto del mercado, porque en la muerte tambien se transa, ofrecen facilidades para aminorar el gasto en los deudos, los que se transforman en un pie inicial y cuotas de pago de hasta seis meses.

 

SE ARRIENDA

 

Por fin el cuerpo se apronta a descansar en su nicho; sin embargo, surge otro trámite nuevamente económico. Por lo que la carroza debe detenerse y los deudos sacar dinero del bolsillo: se trata de los precios por el uso del cementerio.

 

Miguel Salinas Montecinos, administrador del Cementerio Municipal, explica que en dicha necrópolis los nichos son temporales, con un máximo de 20 años, tras lo cual hay que renovar el contrato.

 

Acá los precios igualmente varían. En un cementerio particular, como el Parque del Sendero, ubicado en el valle de Lluta, los valores por tierra están por sobre el millón y medio. Cifra elevada, pero que finalmente se transa como un bien raíz, valor agregado importante, pues es a perpetuidad.

 

Con precios menores, pero con la diferencia que el nicho sólo es temporal, el Cementerio Municipal ofrece una carta con distintos valores. Miguel Salinas Montecino, administrador del camposanto, explicó que los costos varían según la altura y el tiempo de permanencia en el nicho.

 

De hecho, en este panteón ya no hay capacidad para enterrar en tierra y los nichos no son a perpetuidad, por lo que las personas pueden optar a plazos de 5 o 20 años. Una vez cumplido ese período, se debe renovar el contrato, como una suerte de arriendo mortuorio.

 

Los valores más bajos están en un quinto piso y solo por cinco años, los que alcanzan a las 5 unidades tributarias mensuales, mientras que por un período de 5 años y en el piso dos, las cifras aumentan a los 9.5 UTM.

 

 

Ya cancelada las deudas, el cuerpo solo descansará los años que el bolsillo pudo pagar. Porque si una vez cumplido el plazo no existe un compromiso de pago de renovación del "arriendo", los restos llegarán como último destino a una tétrica fosa común.

 

En suma, las cuentas y cifras nos seguirán hasta la muerte, donde el dinero pasa a ser un factor importante a la hora del descanso eterno. Pues ya no sólo un par de oraciones bastará en esta época donde las indulgencias nuevamente pesan con fuerza en los bolsillos de santos y mundanos que siguen vivos, quienes deben pagar las culpas del que partió con una misma moneda, moneda llamada PE$O.



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