20/07/2003

Para comprender el Mundo Andino (VI)

En el concepto andino no contaminado por los occidentales, todo es bueno y es malo a la vez, pero uno no trata de dominar al otro, sino que ambos son indispensables para formar la tercera dimensión, que es un equilibrio tenso pero estable entre lo fasto y lo nefasto, lo de arriba y lo de abajo, lo masculino y lo femenino, etc.

Santiago mata-indios arrollando al Inca (Huamán Poma de Ayala)

Dr. Renato Aguirre Bianchi

 

La conquista del Mundo Andino produjo dramáticos cambios en la forma de vida de los andinos. Su economía, ordenamiento social y estilo de vida cambiaron para siempre (ver "Drama Indígena tras la Conquista" en http://briefcase.yahoo.como/lautaro) , y también en parte sus creencias. Sin embargo, la abusiva imposición de los estándares europeos no tuvo en lo espiritual el efecto que los conquistadores hubieran deseado. Aunque a la fuerza bajo la amenaza de perder sus vidas, los andinos adoptaron las creencias religiosas de los conquistadores de una manera parcial y muy peculiar (ver artículos sobre "Sincretismo Religioso"). Esto se observa con facilidad durante los carnavales andinos y las fiestas patronales. Por ahora nos referiremos a las últimas.

 

FIESTAS PATRONALES

 

En éstas, conservando las profundas raíces de la cosmovisión andina que a menudo ya no comprenden algunos aymaras chilenos, la liturgia es diferente y, más allá del origen cristiano del santo homenajeado, supongo que se rinde tributo al ancestral mallku, el espíritu tutelar del lugar. Asombra comprobar cuán intenso es el resultado del sincretismo con los ideales católicos. Como acota van Kessel, el andino incorporó con facilidad la liturgia católica pero no la esencia doctrinaria. El ejemplo más notorio me parece que es el aprecio que en nuestros pueblos del interior se expresa al apóstol Santiago (San Santiaguito), quien en esencia es enemigo del andino pues ayudó a los españoles a matar indios. Guamán Poma de Ayala lo llama "Santiago mata-indios", acorde al prestigio de "mata-moros" que tenía al llegar a América. Hasta rinden tributo a estatuillas donde aparece arrollando a un indio con su poderoso corcel. Más detalles en el artículo "Santiago Mataindios". Otro ejemplo es el de la fiesta de las cruces de mayo, descrita en el artículo "Sincretismo 1".

Para enfatizar el concepto de van Kessel, nótese que en la expresión de sus fiestas religiosas los aymaras, aún cuando puedan sentirse profundamente católicos, raramente mencionan o se refieren a Dios y aún a la Virgen; su atención es acaparada por los apóstoles o símbolos como la cruz, más acordes con la intimidad de su pensamiento religioso. En definitiva, más allá del espectáculo de sus fiestas religiosas, queda la impresión que expresa tan acertadamente Malú Sierra cuando, al referirse al Mundo Aymara, lo define como "donde todo es altar".

No es mi intención criticar una u otra creencia religiosa, sino resaltar cuán peculiar fue el Mundo Andino y cuán brutal fue su encuentro con los paradigmas "civilizados". Soñando despierto, pienso cuán enriquecedora habría sido la interacción de ambas creencias si el "Homo faber" hubiera controlado su vocación de depredador. Esto me lleva a una duda inquietante: ¿Cuánto queda de la ética aymara genuina, más allá de las palabras que se lleva el viento y las gestiones litúrgicas cuyo significado no todos ellos comprenden? Una vez fui a comprar incienso y copal para agradecer con mis amigos a la Pachamama y a los Mallkus lo mucho que me han "contado" y mostrado: me gané imprecaciones y mal trato de parte de una mujer aymara por hacer "esas cosas que van contra Dios". Para los pentecostales, básicamente tan respetables como cualquier creyente de cualquier religión -mientras no se comporten como fundamentalistas- y quienes han penetrado profundamente en algunas comunidades indígenas, si no se está ciento por ciento con el dios de ellos y la litúrgica consecuente, se vive en pecado. Eso tiene un nombre: etnocidio. ¿No habrá en su credo lugar para un poco de tolerancia?

Lo que impresiona de la cosmovisión andina "de verdad" y no la imprecisión que "negocian" organizaciones angurrientas de fondos fiscales, es que ella sí se aplica A TODOS y por igual y si alguien no estaba de acuerdo simplemente se moría porque no podía vivir solo y no lo dejaban que destruya a la unidad -el ayllu- con ideas desequilibrantes como pasarse la vida en el ocio celestial cristiano o dominar a los demás.

Es ese afán de dominio y posesión, claramente especificado en la Biblia, lo que caracteriza al cristiano y hace que haya víctimas y victimarios, buenos y malos. Jamás se encontrará en el mundo cristiano el acuerdo colectivo para mantener el equilibrio que existe o más bien existía entre los andinos. Aparte del gran contraste entre el Deus faber y la Pachamama, hay otro elemento muy peculiar en la cosmovisión andina:

En la cosmovisión occidental hay una eterna guerra entre los buenos y los malos. Lo fasto trata de vencer a lo nefasto y viceversa. Es en esencia, una cosmovisión de conflicto, lucha y afán de dominio, por mucho que se hable del amor: basta ver la iconografía de los arcángeles. Sé muy bien lo que el Amor significa para mí, pero no hay, que yo sepa, una definición secular del Amor Cristiano: es un simple enunciado.

Pues bien, en el concepto andino no contaminado por los occidentales, todo es bueno y es malo a la vez, pero uno no trata de dominar al otro, sino que ambos son indispensables para formar la tercera dimensión, que es un equilibrio tenso pero estable entre lo fasto y lo nefasto, lo de arriba y lo de abajo, lo masculino y lo femenino, etc. No hay conflicto, nadie puede ser "malo" pues no cabe en esta dimensión y entonces se le devuelve a la Pachamama (no se le mata, se le deja solo). Por lo demás, cada 500 años se invierten los polos del cosmos y -exagerando- lo bueno pasa a ser malo, pero se mantiene el equilibrio, el espacio o dimensión en que vivimos, precisamente porque es producto de la interacción de los opuestos complementarios. Entre los aymaras no había policías ni sacerdotes. El yatiri es un hombre sabio, un shamán si se quiere utilizar una descripción que no le calza del todo, pero no un sacerdote.

Bueno, suena a utopía, pero ese era el mundo de millones de andinos hasta que llegó el Homo faber y produjo "ese gran incendio" a que se refiere Pablo Neruda. Claro que había guerras y otras manifestaciones de la naturaleza humana, pero millones y millones vivían sin (tantos) asesinatos y cochinadas como hoy y siempre ha sido y será en el mundo judeo-cristiano.

En fin, eso se murió o no es aplicable a nuestro mundo, pero queda el recuerdo de la eficiencia derivada de sus conceptos: una sociedad no espiritual, sin libertad para hacer lo que se quiere, pero en armonía con el ámbito que le permite existir. Es otro estilo, incomprensible para los occidentales; otro mundo, pues lo gestó la Pachamama si saber nada de lo que ocurría en el resto del planeta. No era malo ni bueno, pero ERA y lo destruimos sin ser capaces de prescindir de nuestra condición de Homo faber -groseramente presuntuoso e intolerante- para hacer un esfuerzo por conocerlo. Recién ahora unos pocos lo intentan.

 

¿SUPERIORIDAD?

 

Sería absurdo intentar deshacer el daño ya causado, tanto como simplemente destruir lo poco que queda de lo andino y relegar al indígena a una condición peyorativa sólo porque tiene alguna diferencia genética con los occidentales y un pasado tan peculiar. Pero queda tal vez una duda: si los "civilizados" no eran intrínsecamente superiores a los "primitivos" andinos. ¿cómo es que los dominaron con tanta facilidad? La respuesta necesita varias crónicas que ofreceremos en el futuro. Por ahora dejo establecido que hay evidencias claras en cuanto a que los primeros no eran más inteligentes, empeñosos ni, en definitiva, mejores, sino que disponían de "armas" más poderosas, como las espadas, lanzas y armas de fuego, el caballo y -lo más mortífero aunque raramente utilizado en forma deliberada- armas biológicas que eliminaron a más del 90% de la población de las américas en muy poco tiempo: epidemias de viruela, paperas, influenza, etc. ¿Acaso esas armas no los hacen "mejores"? Mejor preparados para conquistar tal vez (y sin saber porqué), pero no más inteligentes ni superiores como raza. Esta afirmación, que puede no parecer razonable para algunos de nuestros etnocéntricos compatriotas "blancos", tiene fundamentos que han sido claramente expuestos por Jared Diamond en su libro "Guns, Germs and Steel" (Premio Pulitzer en los EEUU), cuya lectura recomiendo enfáticamente. ¿Y si los andinos no eran inferiores, cómo es que ellos no disponían de armas similares? La respuesta involucra la afortunada materia prima para el desarrollo tecnológico disponible en Eurasia y la orientación horizontal en cuanto a latitud de ese territorio en contraste con el eje vertical de las américas.

Dejaré ese tema para otra ocasión. Antes de eso, intentemos comprender mejor a nuestros aborígenes a través de algunas de sus manifestaciones artísticas, tema de las crónicas que siguen.



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