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Jueves 23 de abril de 2009
Reforma al sistema binominal

El Gobierno ha repuesto la iniciativa de reforma constitucional que intenta modificar el sistema binominal, luego de transcurrido casi un año desde su rechazo en la Cámara Baja. La propuesta flexibiliza la cantidad de diputados, para lo cual elimina de la Constitución la disposición que fija su número en 120 diputados, dejándolo como materia de rango legal, y, además, permite que los partidos más pequeños, que superen el umbral del cinco por ciento de los votos, puedan elegir tres diputados.

Cabe preguntarse si una reforma en esta línea mejoraría la institucionalidad política del país. Durante mucho tiempo, la Concertación ha afirmado que el sistema binominal no es democrático, porque no asigna cupos de manera proporcional al número de votos. Pero ese argumento choca con la evidencia de que uno de los países con mayor tradición democrática, como Inglaterra, tiene un sistema uninominal, que es aún menos proporcional que el nuestro. En el pasado, cuando se propusieron proyectos de modificación del binominal -el último de los cuales fue el de una comisión encabezada por el ex ministro Boeninger-, la resistencia provino de los propios diputados concertacionistas, que, para no correr riesgos electorales, preferían no alterar los distritos (condición necesaria para esta clase de modificación).

Ahora, lo que se busca es resolver el hecho de que el binominal no le deja espacio en el Congreso al Partido Comunista, a menos que éste haga pactos de omisión o vaya en la misma lista con la Concertación. Se quiere terminar con la llamada exclusión del PC, cuya votación ha fluctuado en torno al umbral indicado. En todo caso, esta reforma, que en lo sustancial mantiene el binominal y sólo le introduce proporcionalidad en el margen, otorgaría un poder inmenso a los partidos pequeños, como el partido comunista o eventualmente otros, pues el empate entre los dos grandes bloques a que conduce el factor binominal del sistema propuesto se definirá por el voto de esos partidos pequeños. Además, crearía incentivos para que más partidos pequeños intenten alcanzar el umbral del 5%, lo que en la práctica fomentaría una fragmentación del sistema político, con la consiguiente pérdida de gobernabilidad.

El sistema binominal tiene el inconveniente de no ser muy competitivo, pues una vez establecidos dos grandes bloques, es casi seguro que cada distrito o circunscripción elegirá a un representante de cada uno, de modo que el celo por tener buenos candidatos baja, los postulantes propuestos son quienes están más cerca de las cúpulas (lo que encapsula al sistema) y la calidad de la política disminuye. Por eso, si se quiere modificar el binominal, no debería excluirse su flexibilización, aumentando los cupos en las listas y favoreciendo la competencia al interior de bloques, partidos e independientes en listas.