En 20 días de investigación en terreno, el ornitólogo y profesor de química de la Universidad de Santiago de Chile (Usach), Ignacio Azócar, logró fotografiar alrededor de 180 aves de la Arica y Parinacota, para un proyecto Fondart. Una de las especies que pasó por su lente fue el tristemente célebre pato yeco, antes que la municipalidad ordenara la poda de las palmeras ubicadas en la avenida Comandante San Martín, sitio de nidificación de esta ave. El docente, quien comenzó el estudio de las aves el año 87, dijo que el fenómeno de los yecos en la ciudad es "bien curioso", porque éstos habitan en palmeras provistas por el hombre y no precisamente en su hábitat natural. Explicó que este conmorán negro, presente en casi todo el litoral chileno, siempre prefiere los árboles altos para construir sus nidos, razón por la cual se asentó en las palmeras ubicadas en la avenida, las que por otra parte no pertenecen a la flora nativa, agregó. "Es probable que los sitios de nidificación del yeco en Arica o corren peligro o fueron eliminados", especula ante la masiva ocupación de la copa de las palmeras. También comentó que mientras el sector tenga palmeras, la desaparición de esta especie no parece una opción realista. "Puede haber sido un error poner esas palmeras, porque ellos generalmente nidifican en árboles altos, por ejemplo, en eucaliptos o álamos de zona central", dijo el estudioso. LA CULPA ES DEL NATIVA Esta teoría de la pérdida del hábitat coincide en parte con la postura del ornitólogo ariqueño Ronny Peredo, quien dijo que la población local de patos yeco, salió principalmente del buque Nativa, capturado en 2000 con 9 toneladas de cocaína en las costas ariqueñas, y de antiguos barcos y grúas en desuso, ya retirados del litoral ariqueño. El biólogo manifestó que es necesario controlar la población de conmoranes, los cuales no corren peligro de extinción, sin embargo, acotó que la decisión de podar las palmeras debió adoptarse cuando comenzó el proceso de nidificación y no cuando los polluelos tenían un tamaño considerable. Un recorrido reveló ayer que todavía había en el suelo ejemplares caídos de los nidos durante la poda de la semana pasada. César Rozas |
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